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No hay palabras

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"Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, que hay oportunidad para cambiar las cosas, entonces hay una opción de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor.
Noam Chomsky

Es evidente que si adoptamos una actitud positiva y unimos nuestros esfuerzos en un objetivo concreto y vital, las posibilidades de llegar a puerto, de obtener éxito, aumentan de manera considerable. La esperanza y la capacidad para soñar pequeñas metas son ingredientes magníficos para seguir de pie, caminando, compartiendo buenos y amables momentos con uno mismo y con los seres que conforman nuestro entorno.

La resignación, la ausencia de entusiasmo, la falta de reflexión son acciones que nos llevan directos al fracaso, a la derrota, a la sombra.

Las sociedades actuales favorecen y estimulan el aislamiento. Urge la creación de espacios abiertos, donde se piense, se dude y se asuman acciones y compromisos radicales, con la clara y visible intención de hacer menos miserable la convivencia.

La transparencia no requiere de palabras o de grandes gestas ni envolventes y retóricas declaraciones. Los grandes triunfos se obtienen cuando hay una relación directa y constante entre los integrantes de un grupo, de un colectivo... La consolidación y crecimiento de un bosque, se produce cuando hay un diálogo interminable entre la tierra, el cielo, la lluvia... 

La mejor música, esa que tiene el mismo sabor que el buen amor, no puede transcribirse.

Un baile sentido no necesita de ninguna explicación; simple y claramente el baile es la mejor comunión con aquello que nos acerca, nos hace iguales a Dios. Mientras bailamos, con los ojos entornados, la primera sangre que estuvo en nosotros al nacer, vuelve a correr y bombear en nuestro corazón, en nuestro limpio e inocente corazón...

Todos somos importantes en cualquier acto, en cualquier momento; en consecuencia, nuestras palabras deben ser olvidadas cuando somos acción directa, cuando somos un sueño compartido y anónimo.

No hay palabras ni respuestas que puedan expresar, que puedan dibujar el paisaje que une a un corazón vivo a otro... 

Puede que la literatura únicamente sea un remedio necesario para curar algunas dolencias menores que sufrimos a diario.

Puede que el arte y la cultura nos ayuden a la aceptación y asunción de nuestra incapacidad para convivir y reconocer nuestros urgentes deseos (o necesidades) reales.

Un poema, un cuadro, una pieza musical dejan de ser algo nuestro en el momento en que lo leen, lo miran, lo sienten otros seres. 

No somos nosotros cuando escribimos, cuando tocamos un instrumento, cuando dibujamos un cuerpo vestido con la penumbra azul de un mediodía estival. No somos nosotros ni mentimos cuando no sabemos vivir lejos de las palabras, lejos del tiempo...

Una potencia extranjera y totalmente desconocida nos domina cuando escribimos un poema o inventamos un paisaje en un espacio reducido y concreto. No hace falta conocer el nombre de ese otro ser. No hace falta saber si es real. La verdad o la mentira son simples conceptos arbitrarios, inventados para evitar vivir en una duda, en una zozobra, en un naufragio constante...

Pero lo único cierto, que se puede comprobar y vivir a diario, es que no hay palabras ni actos artísticos en el mundo, que puedan expresar, con un mínimo de acierto y exactitud, lo que siente un corazón vivo, lo que hay dentro de una mirada, lo que sienten unas manos solitarias...

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